miércoles, 19 de mayo de 2010

martes, 18 de mayo de 2010

Balsa


Sus brazos se convirtieron a sí mismos en remos de alta mar, cantándole en su interior los sueños que perdió aquél invierno. Porque tal vez todo lo vivido ese invierno late, aún hoy, desgarrándole los ojos.
Sus hombros buscan en el cielo expandido una respuesta censurada, acallaron sus deseos por resguardar un cofre sin usar. Pensando en las lluvias pasadas, se olvidó de las flores que nacerían después.

Todo lo que une sus cuerpos se confunde con la espuma, porque lo incierto dio forma a sus encuentros, porque lo compartido hizo hueco en sus silencios.

Los puntos de partidas son círculos en sus manos, ya ninguno es capaz de tirar los dados. Aguas tranquilas hoy rodean su balsa de madera vieja y una tela rasgada por el viento marca sus pulsaciones cansadas.

Pero sus miradas hoy recuperaron un brillo viejo, que sorteará sus miedos encerrados en cajitas negras de cartón. No pueden dejar de mirarse aún en la distancia, se piensan, se niegan, se acompañan.

Se encuentran sólo en la inercia del sueño, en un pensamiento perdido sobre la almohada. Se consuelan en la noche tranquila, en los rincones de oscuridad que los llevan a salvar pocos momentos.

El cuerpo de ella se retuerce entre las sábanas, con un grito enmudecido rogándole que regrese a despertarla. Su interior se fuga en el destiempo de las horas sin reloj, se muerde, dormida, por no comprender los cambios; se aniquila, por no aprender a crecer y olvidar.
Los muebles se vuelven fantasmas en su espacio, las fotos le declaran una guerra a su inconciente. Bajan por su cuerpo las aguas somnolientas de la madrugada, un incómodo sentimiento de desesperación invaden sus piernas. Su alma se acalambra junto a su mente, ya nada de su sueño se hará realidad.

Los momentos de soledad, le traen a él un pedazo de lo que vivió por fuera de su mar agotado. Sus manos ya no recuerdan su piel, pero su rostro no logró olvidar sus besos. A veces un sueño confuso le penetra su habitación sin ser llamado, y conviven en la noche momentos intensos que el tiempo ha enterrado.

El ruido de una guitarra, llora a la par del amor por el que se equivocaron. Los años aún no le han respondido por qué siguen unidos a través del viento.
La tregua de la mentira quiso separar sus miradas, y murió agotada entre el resto de la gente. La impulsividad de los celos se marchó en el último barco, derrotada por la invencible confianza, que aún inexplicable los continuaba uniendo.
Un hilo de verdad deja de esconderse tras el muro del orgullo. Un gesto, un sabor, se convierten en razones que viven en el espacio imantado de sus abrazos.

Un fuego que arde sube por su columna, una mezcla de sabor y olor invaden el espacio que delimita la piel de ambos. Ella escucha los consejos susurrados en su nuca y él percibe el calor que florece entre sus cuerpos.

Una confusión les declara una verdad, la del retorno a su fuente de sal. Una esencia que vaga por las olas y los une a tientas, antes del naufragio.

Floto


Flotan verdades en el aire. Están a mi alrededor y me quedo mirándolas. Son verdades que lastiman pero no están cargadas de maldad. La condición de su existencia no las hace culpables de mi soledad.
Flotan verdades sobre mi espalda, en mis pies, a mis costados. Vinieron en vigilia de mis sueños inconclusos, vinieron a liberar este dolor. Mis recuerdos se pegan a las paredes, se imprimen, se exprimen, para encuadrarse en mi memoria. Son imágenes difusas cargadas de emociones, que oprimen mi pecho cada vez que deciden aparecer. Son voces lejanas, son momentos que fueron enterrados por el tiempo.
El alma suspira por el dolor, las verdades le regalan una razón para dejar de llorar. Los recuerdos invaden el cuarto, lo recorren en silencio, enmudeciendo mis labios…
Flotan mis sueños acabados, lamentándose una y otra vez. Rugen desde los rincones, atormentados. Flotan con un aura azul que los cubre, que los protege.
Son sueños rojos, de centros de fuego. Son sueños que arden pero no queman. Son sueños que anhelan pero no aprisionan. Son fuertes pero dóciles. Son sueños que vuelan en mi destino esperando a ser despertados. Hay látigos que los apuran a crecer.
Los látigos de la soledad los presionan a revelarse. Son sueños maltratados que necesitan libertad para nacer, para abrir, para iluminar. La condición solitaria del alma destroza los sueños y comienzan a fundirse con verdades transparentes. Sólo queda la desilusión de lo irrealizable.
Flota lo extraordinario del silencio, su inconfundible vacío que todo lo llena. Flota la presencia de la nada misma. No es la calma. Es el aire que viene antes de la tormenta, que sopla sin frío; es la lluvia que anuncia momentos de recuerdos, de pensar, de sentir…
Floto por encima y por debajo de mi misma.
Floto de la mano de esta soledad que nunca lograré aceptar.
Floto con mis ojos cansados de verdades que no quieren esconderse.
Floto sosteniendo mis sueños rotos y castigados por el olvido.
Floto con un horizonte de recuerdos que siempre buscarán mi culpa.
Floto con las ansias de encontrarte en esta inercia de buscarte…