sábado, 3 de septiembre de 2016

Cuando te alumbró la noche

Entre nuestros cuerpos existen una infinidad de esporas respirándose. En tus manos dibujé alas para que siempre sepas como regresar, en esta mañana tan llena de deseos. Se persignan las estatuas de la plaza al escuchar nuestros secretos, se expanden las aves en el cielo cuando miramos con los ojos próximos del encuentro.
Nos trasladamos a Venus y varias constelaciones mas allá porque juntos pudimos detenernos en las estrellas. La noche se alarga y tenemos silencios que decretan sueños para los aún despiertos. Hay raudales de deseos entre nuestras bocas. Hay una historia que los búhos cuentan al viento mientras el amanecer nos envuelve en su fábula de luna.
Avanzamos a pesar de las propias sombras, esas que dejamos estar en la noche sólo para verlas evaporarse en la mañana. Para verlas desaparecer con nuestra propia irradiación. Elegimos la frecuencia común a nuestros cuerpos al compás de estas tus canciones, que como atmósferas me dejan viajar por tus recuerdos.
¿Qué símbolo, qué certeza acaso se esconderán tras nuestros días? ¿Existe algo superior a la fuerza de nuestra atracción?
Podemos dejarnos al azar o podemos buscar la libertad del encuentro. Podremos detener los pensamientos que no nos conducen hacia la sonrisa, o podremos encriptar la pasión como fotografías recuperadas. Pero cada instante se vuelve en algo incierto, ajeno a nuestros registros.
Los instantes son flores asombrando a la tierra con su despertar, estáticas y transformadoras a la vez. Las dos fuerzas que todo lo sobrevuelan nos harán parte de un paisaje y nos recordarán que no son tiempos para la cobardía.
El abecedario habita tu cuerpo, sagrados silencios te conducen al centro. En cada momento me acerco sin aprisionarte, me mantengo cerca sin invadirte. Conociendo a la musa que habita en el rincón de tu fantasía, sentándome cerca para verte sonrreírle. Sosteniéndonos en el silencio de la noche. 

No hay comentarios: