sábado, 3 de septiembre de 2016

Conclusiones

El sonido que estimula mi sien, viene como un rayo, veloz desde el año luz. Une mis cejas y explota desechando lo cerebral. Existe una melodía que las personas inventaron para reconstruirse, para no dejarse morir. Un juego que parece no encontrarse entre las manos, es un ajedrez con piezas de pies. La música, es vibración elevada que hace estallar las baldosas en las veredas, activa alarmas de autos, espanta señoras. Todo lo llevo dentro.
Un reloj fue desarmado por el calendario, paradoja de ataduras. Hoy amanezco libre gracias a los miedos. Siento mi cuerpo reinventado, cicatrizado, sacudido por el morbo, absorbido por estrellas, escupida estelar, aterrizaje de ameba. Desconfío de los símbolos y de la gente demasiado atenta. Busco anclar los pensamientos para poder crear, intento comprender mi voz, la última que sin esfuerzo brilla. 
Comprendo poco y aprendo mucho, respiro cada día la bocanada que es ilusión, acaricio hojas, descubro mi mal humor. Calculo y tacho, me vuelvo expectante y una ficha se mueve. Enmudezco y me invaden las voces. Suelto y planeo, mis cosas bizarras, mi soledad encontrada. Dejo y el instante me sorprende siempre en el mismo lugar, de donde nunca se fue, delante de mis ojos aunque no siempre lo vea. 
Instante bonito, chiquito en mí, me hace hermosamente frágil. Instante no te vallas me lo pido, ya no quiero modificarte. Disfrute, placer, transformación. Mi amor es una escultura sin fin, lo días, bueno, en ellos a veces lo dejo volar.  

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