sábado, 17 de septiembre de 2016

Renuncia de arco y flecha

Quietud extraña
que me percibe
lo siento,
se asoma,
parece ser
un vientre de libélula
sí, se mece 
sobre la tarde
y juega
en el pelo de una niña.

Lo mágico no aparece,
más bien, se nos cuela
por las esporas
de un pensamiento
que muere.

Un lago burbujeante
es hoy
esta esfera cerebral
que como balero
sostienen mis pies.

Un show titiritero
me señala la salida,
todo arte es un juego
a veces estático
en su centro de circo.

Puedo utilizar
todo lo hermoso
como infinitas metáforas 
para nombrarte.

Una poesía 
puede valer tanto
como mis ojos,
portal 
por el que se asoma
una poco de mi alma.

Puedo arrojar
en tus manos
un puñado
de cielo estrellado
y si buscás el alba
Inti será venerado
por tu piel.

Los recovecos
del espíritu
se vuelven entrañables
y mis brazos 
son renuncia
de arco y flecha.

Una batalla
ganada
por el amor.

¿Qué crece dentro de nuestro abrazo?
¿Los miedos, los placeres, los antepasados?

Lo cíclico y atemporal
resucita árboles y casas
como templos eternos
que contemplan mi mente
para luego encuadrarme.

Ni siquiera es a mí
a quien ellos apelan
sólo lo circunstancial
me hace protagonista.

Viajeros de espacio
nos encontramos sin peajes
deslizando el cuerpo,
llegando al círculo maestro.

Nada de lo que fuimos
es garantía del presente
nos reinventamos en un beso
 no siempre con palabras.

Garganta de fuego
que creas y destruyes
dale luz a mis sueños
que añoran, que fluyen.

Libertad es tu máxima,
anaranjada luz que te envuelve,
que amanezca con pureza mi ser
y me resten oportunidades de amar.

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